Francia llegó a este encuentro en semifinales con una trayectoria irregular en el torneo, habiendo finalizado en el segundo lugar del Grupo G. En este contexto, las expectativas eran altas, pero también había dudas sobre la capacidad del equipo para competir al más alto nivel. Por su parte, España se presentaba como uno de los favoritos, con un recorrido impecable en la fase de grupos, donde acumuló tres victorias y un saldo de ocho goles a favor y uno en contra.
Zidane, quien había anunciado su retiro del fútbol tras el torneo, se convirtió en el faro del equipo francés en este decisivo encuentro. A sus 34 años, el recuerdo de la desilusión sufrida en Corea-Japón 2002, donde Francia, como campeona defensora, fue eliminada en la fase de grupos sin marcar un solo gol, parecía haber quedado atrás. Bajo la dirección de Raymond Domenech, Francia optó por un sistema táctico 4-4-1-1, donde Zidane brillaba como el eje en el centro del campo, creando juego entre los mediocampistas y el delantero Thierry Henry.
Con el apoyo de Franck Ribery y Florent Malouda en las bandas, el ataque francés encontraba espacios que aprovechaban al máximo. A pesar de la juventud y el talento de la selección española, compuesta por futuras estrellas como Sergio Ramos y Xavi, fue Zidane quien tomó las riendas del encuentro desde el primer minuto. Sus pases en profundidad generaron constantes peligros sobre la portería defendida por Iker Casillas.
El primer gol del partido llegó a través de un penalti convertido por David Villa, lo que hizo que la tarea de Francia se complicara. Sin embargo, el capitán francés no se dejó intimidar. Ribery logró empatar el marcador antes de que Patrick Vieira, tras una asistencia de Zidane, pusiera a Francia por delante con un gol que elevó la moral del equipo. La conexión entre Zidane y sus compañeros se hacía evidente, y la confianza en sus habilidades crecía.
El momento culminante de la noche llegó cuando Zidane, con un toque magistral, recibió el balón en la banda izquierda, penetró en el área y dejó en el suelo a Puyol con un amague. Su definición cruzada ante Casillas selló el 3-1 en el marcador, una jugada que se convirtió en un símbolo de su brillante carrera. Esta actuación no solo marcó un hito en el partido, sino que también recordó al mundo por qué Zidane era considerado uno de los mejores futbolistas de su generación.
Tras esta memorable exhibición, Zidane continuó su camino hacia la gloria, destacándose en los partidos posteriores contra Brasil y Portugal, hasta llegar a la final del torneo. Sin embargo, su actuación ante España siempre será recordada como el inicio de un trayecto inolvidable en su carrera futbolística. Aquella noche, el futbolista francés reafirmó su legado y dejó una marca indeleble en la historia de los mundiales.
Foto: @FIFA




















































Leave a Comment
Your email address will not be published. Required fields are marked with *