Paco Pérez Caballero, reconocido periodista especializado en crónica negra y miembro del equipo de Cuarto Milenio y Horizonte, ha lanzado su nuevo libro titulado «Lobos entre corderos‘, publicado por HarperCollins Ibérica. Esta obra, que está disponible en librerías y plataformas digitales desde hoy miércoles, ofrece un profundo análisis de casos reales de crimen verdadero y proporciona herramientas para identificar a individuos malvados y potenciales asesinos.
Pérez Caballero, creador del popular pódcast El señor de los crímenes, examina en su libro algunos de los incidentes más impactantes del true crime, indagando en la esencia del mal y los mecanismos de las mentes criminales.
El autor aborda el retrato de asesinos que aparentan ser inofensivos, así como de hijos capaces de cometer crímenes atroces. El libro explora crímenes impulsados por emociones intensas como la rabia, la obsesión, los celos, la envidia y el deseo de control. A través de investigaciones basadas en hechos reales y un análisis detallado del comportamiento criminal, «Lobos entre corderos» proporciona claves para entender cómo operan quienes nos rodean sin levantar sospechas y cómo desenmascararlos antes de que puedan causar daño.

¿Qué encontrarán los lectores en ‘Lobos entre corderos’?
En sus páginas encontrarán crímenes reales, pero analizados con un objetivo muy concreto: extraer claves que nos ayuden a entender el mal y a ser menos vulnerables.
El libro va más allá de ser un texto que recoge casos de true crime… ¿Es un libro práctico que nos puede ayudar en nuestra vida diaria? ¿Por qué?
Nos han enseñado que todos somos buenos por naturaleza. Pero no es así. Hay personas malvadas, que hacen daño porque les conviene. Nos cuesta asumirlo y no tomamos medidas. Aguantamos demasiado, porque no contemplamos la posibilidad de estar ante alguien verdaderamente perverso. Observando a los peores de nosotros, a los asesinos y violadores, podemos aprender no solo a evitar ser víctimas de un crimen, sino también a alejar a la gente tóxica que nos hace la vida más difícil. Con solo abrir los ojos entenderemos que el mal existe y que no tiene edad, ni género, ni procedencia, ni color de piel.
¿De verdad el asesino puede estar más cerca de lo que creemos? ¿Cómo lo reconocemos?
El asesino está muy cerca, aunque no sabemos si nos alcanzará. De lo que no hay duda es de que, si no estamos pendientes, no lo vamos a ver venir. No nos vale aquello que nos decían nuestras madres: si ves a alguien extraño, cámbiate de acera. Hay gente muy peligrosa con una apariencia estupenda e inofensiva. Siempre emiten señales que, a posteriori, resultan evidentes. Pero no solemos hacerles caso. Podemos estar ante alguien violento, que nos trata mal, incluso con crueldad, y aun así no reaccionamos. Porque no barajamos la posibilidad de que nos toque a nosotros. En la maldad, como en todo, hay distintos grados. Pero cuando es evidente que a alguien no le importamos lo más mínimo, no hay que descartar la posibilidad de que termine por matarnos. No debemos darle la oportunidad. La idea es alejarnos de todo el que nos perjudique en las primeras fases, sin permitir que llegue a traspasar la línea.
¿Cómo identificarlos? Se revelan a través de sus actos. Observando lo que hacen podemos llegar a reconocer a un asesino potencial. Y estudiando cómo son y qué han hecho los criminales, es fácil trasladar determinadas cosas a nuestro entorno y darnos cuenta de que, muy cerca, hay personas que comparten rasgos y comportamientos con asesinos terroríficos.
¿Por qué crees que el true crime fascina tanto hoy a los lectores y oyentes?
Porque a todos nos interesa conocer la naturaleza humana. Y, tras cometer un crimen, el autor ya no puede escondernos nada: caen todos los velos. En sus actos está la verdad. Hay personas que disfrutan con el sufrimiento, y aproximarnos a esa oscuridad nos resulta aterrador. Pero también nos previene y nos pone en guardia ante un peligro muy real.
De todos los casos del libro, ¿cuál te ha resultado más difícil de abordar y por qué?
Quizá el caso que más me conmovió fue el de los críos asesinos de Castro-Urdiales. Los menores mataron a su madre y la sociedad, no sé muy bien por qué, trató de culpabilizar a la víctima, asegurando que era una mujer muy estricta. La familia sufrió el doble: primero por la pérdida y, después, por las palabras que mancharon injustamente su nombre. El crimen habló desde el primer momento y la sentencia judicial lo dejó claro: los niños actuaron con una enorme frialdad.
¿Qué tienen en común los depredadores como Rodríguez Vega o figuras como Bretón?
Los une lo más característico de la maldad: el egoísmo, el narcisismo, la ausencia de empatía… La crónica negra nos enseña que, por lo general, el asesino mata buscando su propio interés, sin que la víctima le preocupe lo más mínimo. Rodríguez Vega intentaba sentirse poderoso abusando de mujeres mayores, que no podían defenderse. Bretón quería hacerle daño a su pareja: sabía que, si acababa con sus hijos, la enterraría en vida. Y no le importó que los niños también fueran suyos. Le dio igual. El odio se impuso a todo. Para los criminales, solo existe el yo. Y este rasgo lo podemos encontrar con frecuencia en personas que nos rodean. Es inquietante.
¿Se puede ser menos vulnerable solo entendiendo cómo piensa un criminal?
Sin ninguna duda. Los criminales no son de otro planeta y, antes de matar, se camuflaban entre nosotros. Ahora mismo hay muchos asesinos en potencia que todavía no han matado y quizá nunca lo hagan, porque no lo necesiten. Pero es muy útil seguir los pasos de alguien que ya ha matado y establecer paralelismos en nuestro círculo más próximo. Es la forma de levantar ciertos muros defensivos y de no tolerar determinados comportamientos que nos dañan desde el primer momento y que pueden acabar escalando. Para defendernos, lo primero es saber que existe una amenaza.
¿Qué diferencia hay entre el crimen por rabia, por envidia o por el fin del amor?
Los iracundos son una bomba de relojería:van acumulando rabia hasta que estallan y acaban con todo. Por eso hay que alejarse de las personas violentas. No hay tanta distancia entre dar una brutal paliza y matar a golpes de hacha.
La envidia es un sentimiento muy peligroso, un virus que mata al huésped. El envidioso nunca encuentra satisfacción, pero puede intentar eliminar a la persona envidiada para buscar alivio. Y cualquiera puede ser una víctima, porque la envidia es irracional: te pueden envidiar por estar soltero, pero también por estar casado; por tener trabajo o por quedarte en casa sin dar un palo al agua; por tener dinero o por ir por la vida sin que nada te importe; por cualquier cosa.
En cuanto al amor… parece un concepto sencillo. Podría reducirse a que la otra persona te importa tanto que la pones por encima de tus propios intereses. Por eso es importante explicar que nadie mata a alguien a quien ama. Y no es que se mate porque el amor se acabe. Es que, si se llega al crimen, es que nunca se amó. Quizá fuera otra cosa.
El libro termina diciendo que «los buenos somos más». ¿Eres optimista respecto a la naturaleza humana?
Por supuesto. El mal existe. En todos los grupos humanos hay crimen, violencia y muerte. Pero, también en todos ellos, los buenos somos más. Muchos más.





















































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