La Unión Europea está promoviendo un enfoque coordinado para los controles de salud cardiovascular, dado que estas enfermedades representan la principal causa de muerte y discapacidad en el continente. Cada año, se producen alrededor de 1,7 millones de fallecimientos a causa de estas dolencias, que afectan directamente a unos 62 millones de personas, generando un coste económico que asciende a unos 282 000 millones de euros. Es fundamental la detección temprana y el seguimiento de factores de riesgo como la hipertensión, el colesterol elevado, la diabetes y la obesidad, ya que pueden prevenir infartos, accidentes cerebrovasculares y otros problemas relacionados con el corazón.
A pesar de la gravedad de la situación, se ha establecido que menos de la mitad de los Estados miembros de la UE cuenta con controles de salud cardiovascular estandarizados, y los métodos aplicados varían considerablemente de un país a otro. Por ello, la acción coordinada de la UE puede facilitar a los diferentes Estados la implementación de controles específicos y respaldados por datos confiables. Esto no solo ayuda a mitigar las desigualdades existentes en salud cardiovascular dentro y entre los Estados miembros, sino que también promueve el intercambio de conocimientos y mejores prácticas entre las autoridades nacionales.
El proyecto de Recomendación del Consejo forma parte del Plan Corazones Seguros que fue adoptado por la Comisión en diciembre de 2025. Entre las principales recomendaciones dirigidas a los Estados miembros, se solicita que desarrollen e implementen controles nacionales de salud cardiovascular, basados en las evidencias científicas más recientes y en asesoramiento de expertos, adaptados a las realidades de cada país. Se insta a garantizar que estos controles sean accesibles e inclusivos, centrándose especialmente en las personas con mayor riesgo y en las poblaciones vulnerables.
La propuesta también sugiere llevar a cabo campañas más amplias que incorporen estos exámenes en entornos primarios y comunitarios, como las farmacias y centros comunitarios, así como utilizar modelos de atención móvil que permitan el acceso directo a la población en mercados y centros comerciales. Esta estrategia tiene el potencial de aumentar las tasas de detección temprana, especialmente en áreas rurales o desatendidas.
Además, se resalta el papel que pueden jugar las tecnologías digitales y los datos sanitarios en la mejora de las evaluaciones de riesgo, los controles y el seguimiento del tratamiento, así como en la implementación de enfoques preventivos personalizados. La comunicación efectiva y la sensibilización en relación con estos controles son fundamentales para lograr una mayor aceptación tanto en la población general como entre los grupos más desfavorecidos.
La Recomendación del Consejo busca también impulsar la innovación y la competitividad en la UE. El Plan Corazones Seguros, adoptado en diciembre de 2025, busca hacer que el sector sanitario europeo sea más innovador, competitivo y resiliente. Este enfoque puede contribuir a reducir la carga económica de las enfermedades cardiovasculares, que superan los 282 000 millones de euros anuales en costes para la UE, incluyendo 47 000 millones en pérdida de productividad. La prevención y la promoción de la salud son consideradas como las estrategias más rentables para enfrentar esta carga.
En el marco de la propuesta, se recomienda que ciertas poblaciones se sometan a controles de salud cardiovascular. Para aquellos menores de 35 años, se aconseja al menos un revisión médico que incluya la medición de la presión arterial, el azúcar en sangre y el colesterol. Un cribado más individualizado se sugiere para quienes tengan antecedentes familiares de enfermedades cardiovasculares prematuras. Para los adultos de entre 35 y 64 años, se proponen controles sistemáticos cada cinco años, con una frecuencia mayor según los factores de riesgo presentes. Este grupo debe ser examinado también en relación con su estilo de vida, salud mental y otros indicadores de salud.
Finalmente, para las personas mayores de 65 años, se recomiendan controles cada tres a cinco años, que podrían incluir evaluaciones adicionales de la salud cardíaca, como electrocardiogramas y revisiones del pulso. La propuesta de Recomendación ofrece flexibilidad para que cada Estado miembro adapte los controles de salud cardiovascular según el contexto nacional o regional, teniendo en cuenta los patrones de enfermedad y las desigualdades sanitarias existentes.
Fuente: Comisión Europea.
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Foto: Comisión Europea
















































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