El Papa Francisco, aún convaleciente, pide “tender la mano al que ya no puede más” en su homilía del Domingo de Ramos
La Plaza de San Pedro congregó a más de 20.000 fieles en una celebración cargada de emoción y simbolismo, mientras el Papa Francisco sigue su recuperación tras una larga hospitalización.
El Papa Francisco no presidió este año la misa del Domingo de Ramos, pero estuvo muy presente en el corazón de la celebración que marca el inicio de la Semana Santa. Desde su convalecencia, el Pontífice confió la lectura de su homilía al cardenal argentino Leonardo Sandri, vicedecano del colegio cardenalicio, quien encabezó la solemne liturgia en una Plaza de San Pedro engalanada con palmas y ramas de olivo.
“La pasión de Jesús se vuelve compasión cuando tendemos la mano al que ya no puede más, cuando levantamos al que está caído, cuando abrazamos al que está desconsolado”, escribió el Papa en su mensaje, cargado de profundidad espiritual.
Francisco, que fue dado de alta recientemente tras pasar 38 días ingresado por una neumonía bilateral y otras afecciones respiratorias, sorprendió al mundo católico con varias apariciones públicas en los últimos días, pese a las recomendaciones médicas de guardar reposo. No obstante, este Domingo de Ramos optó por no acudir directamente a la misa, aunque muchos fieles albergaban la esperanza de verlo asomarse de nuevo ante ellos.
Durante la celebración, en la que participaron 39 cardenales, 33 obispos y más de 300 sacerdotes, se recordó con fuerza el simbolismo del Simón de Cirene, figura que ayudó a Jesús a cargar la cruz camino al Calvario.
“Decidamos durante la Semana Santa cómo llevar la cruz; no al cuello, sino en el corazón. No solo la nuestra, sino también la de aquellos que sufren a nuestro alrededor”, reflexionó el Papa a través de Sandri.
Francisco invitó también a reconocer a los “cireneos de hoy”, aquellas personas que, en silencio, cargan con la cruz del dolor, la guerra y la miseria:
“¿Los reconocemos? ¿Vemos al Señor en sus rostros? Frente a la atroz injusticia del mal, llevar la cruz nunca es en vano”.
La procesión, iniciada en el obelisco central de la plaza vaticana, y la posterior eucaristía revivieron uno de los ritos más antiguos de la cristiandad, vigente desde el siglo IV. Esta Semana Santa estará inevitablemente marcada por el estado de salud del Papa y el modo en que ha querido seguir guiando espiritualmente a los fieles, incluso desde la distancia.















































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