El Athletic cumple con su tradición para coronarse en los penaltis 

El Athletic cumple con su tradición para coronarse en los penaltis 

El mejor trofeo del fútbol español es también el más antiguo y el que cumple con códigos de deporte añejo, capaces de crear unas sincronías más allá de las traiciones del paso del tiempo.

Que el Athletic Club, el equipo que más títulos coperos consiguió durante la pasada centuria, sea también el único que indefectiblemente levante el trofeo cada 40 años exactos (1904, 1944, 1984 y 2024) es uno de ellos y este sábado primaveral Sevilla ha vuelto a hacer que la historia se repita.

Los leones han rugido en la tanda de penaltis después de una grandiosa final ante las gradas repletas de La Cartuja y con el suspense mantenido hasta más allá de la madrugada.

De inicio, el Athletic tomaba pronto la manija del partido, dominando la posesión y llevando peligro por los costados con los Williams haciendo sufrir a la defensa balear.

Galarreta disponía así de una buena opción al cuarto de hora, pero iban a ser los bermellones quienes golpearan primero gracias a una de sus grandes armas: el balón parado.

Funcionaba el laboratorio de Javier Aguirre con un saque de esquina que tras varios rechaces mandaba a dormir Dani Rodríguez al fondo de la portería vizcaína.

El tanto espoleaba a los leones con Nico Williams como gran puntal por banda izquierda. El eslovaco Greif se multiplicaba en sus paradas y al internacional español se le anulaba un gol poco antes del descanso, merced a la intervención de la tecnología del fuera de juego semiautomático.

La reanudación veía una buena ocasión de Cyle Larin y el empate vasco en una de sus acciones preferidas: robo en campo contrario, rápida transición con pase de Nico Williams y preciso disparo de Oihan Sancet a las mallas.

Parecía que se venía remontada, pero Aguirre reaccionaba con un doble cambio de Morlanes y Antonio Sánchez que cegaba los huecos en su defensa. 

A los rojiblancos se les negaban los espacios con un Mallorca crecido en su fortaleza defensiva a medida que transcurrían los minutos y la final desembocaba en la prórroga.

Valverde daba entrada en el tiempo suplementario a Berenguer, Muniain y Raúl García en una apuesta por la veteranía y el empaque que a la postre resultaría decisiva desde la ruleta rusa de los once metros.

Nico Williams, elegido mejor jugador de la final, estaba muy cerca de decantarla a poco de la conclusión, pero un pie salvador de Maffeo mantenía la resistencia bermellona.

Greif y Agirrezabala salvaban las últimas oportunidades y la tanda certificaba el título bilbaíno con la gabarra esperando para navegar en su Ría y llevar la dicha a un club más antiguo incluso que el torneo al que ha vuelto por fin a enamorar, 40 años después, en el siglo XXI. 

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